ELSA DE SORIPZA

ELSA DE SORIPZA

A TI, MI ELSA

 

Del suelo de la terraza en que yacía
mi ELSA descorazonada agonizante, alzaba su cara,
la gran cara magnánima, orgullosa
y altiva, como una diosa agonizante.
En tus ojos y corazón, profundos y convulsionados,
impetuosamente se encendió un relámpago
de amor inmenso hacia mí. Mi tristeza entonces
quiso asomarse a mis ojos para
dar un adiós a aquel amor sublime,

que sentía, siento y sentiré por ti

ELSA de mi alma.

 

Mi AMIGA, estremecida con temblores
de ternura, miró caer mis lágrimas,
y con un súbito y soberano gesto
de angustia y de dolor me dijo -¡Gracias!-.
Después, con lentitud apesadumbrada y grave,
tras la fatiga del eminente empuje,
como en un cabezal, reclinó mi ELSA
la gran efigie magnánima

 detrás del banco de mi terraza,

como GLORIA y YO te vimos.

Y nosotros dos nos dimos cuenta, enseguida,

que nos suplicabas o nos implorabas

que te llevásemos a donde pudieran

paliar o acabar con la desnaturalizada

agonía que estabas padeciendo,

y así hicimos, te llevamos al mejor lugar

donde podían cuidarte con esmero y cariño,

y yo agarrándome a una esperanza

te entre arropada entre mis brazos,

como queriendo transmitirte que no estabas sola.

 

Y me decías con tu mirada y pensamiento:

«Viví por ti, por ti, para atraerme
todas las emociones de tu corazón,
tus júbilos, tus angustias y tus quimeras;
para buscarte en todo, porque eras
mi única aspiración y mi amigo y compañero,

YLENIA y GLORIA también eran,

como no podían ser menos, MIS MEJORES AMIGAS.

 

 A una caricia de tu mano, a un acento,

a una apacible mirada, se dormían mis instintos,
y un ser inteligente, amable, dócil,
generoso, leal, siempre dispuesto
al sacrificio, fui, bajo el encanto
de tu voz, tu caricia o tu mirada.
¿Quién te quiso más que yo, sin un instante
de duda, de desaire o de desabrigo;
sin un olvido,
sin dejar de ser tuyo, siempre tuyo, CAMILO?.

Fui la compañera preocupada de tus penas,
un guardia en el peligro. Fui tu extensión
en el placer, tu amiga en el quebranto,
tu amena camarada en la alegría.
Acuérdate: se fueron los efímeros
amores, la ilusión y la esperanza;
cantando se alejó la galera brillante
y nos dejó en la orilla oscura y sola.

Por todo esto te quiero decir,

que a mi hija, la que nunca en vida llegue a tener,

la trates, por lo menos,

con el mismo amor que me has tratado a mí,

y no te sientas culpable por lo que me hicistes

o me dejastes de hacer, porque a tu lado

conocí la felicidad, la libertad y el cariño,

y no trates de ver en ella algo de mí,

solamente mírala ella y ya sabrás como hacerlo,

y a la hora de su marcha yo voy a estar ahí,

desde aquí arriba, para impedirte,

que sufras tanto como lo has hecho, desde

que yo en contra mi voluntad, tuve que realizar

el viaje final

Yo fui la festejadora de tus sonrisas,
la cantadora de tus negras soledades,
yo vigilé tus tristes pensamientos,
yo comí el pan mojado con tus lágrimas.
En el silencio del hogar yo consolé tus noches de delirio,

y clavando mis ojos en los tuyos
te preguntaba ¿qué tienes? ¿por qué lloras?.

Ya ves, me voy, te dejo; me entristece
pensar en que ya no habrá quien te acompañe
en tus paseos, como yo, besando
tus huellas en el polvo del camino.
Te quedas con las gentes, los que olvidan,
los que traicionan, los que engañan, los que aman,

mirando hacia los cielos impasibles,

intentando encontrarme,
en pie sobre la tierra perversa.

Antes de partir, e intentando lo inevitable,

TU y GLORIA, e YLENIA

sin querer decirle lo de tu marcha,

me llevaron a un sitio donde,

ustedes querían impedir mi viaje.

Por eso me pusieron en unas manos,

llenas de afecto, cariño y conocimientos,

Falo, Angie y Nahun,

Pero a pesar de todo eso, ya no había marcha atrás,

Ya estaba llegando la hora de mi partida,

incluso tu me diste de comer,

unas horas antes de mi marcha.

Cuando te oí llegar, junto a GLORIA,

ya supe que era la hora de partir,

quería que me recordases como siempre fui.
Pero mis ojos tristes, tristes,

yo diría que demasiados tristes,
te querían seguir hablando:

y pude llegar a decirte desde la distancia,

unos metros tan solo:

“Es la primera
vez que no te obedezco,

 no me llames ni entres a verme,

muy a mi pesar
ya te voy a dejar, CAMILO mío.

Dale las gracias y todo el cariño del mundo

a YLENIA y a GLORIA,

por haberme querido y atendido tanto,

y a ti sencillamente toda mi gratitud

y amor por haberme dejado ser parte de TI.

 

GRACIAS ELSA DE MI VIDA

GRACIAS POR LO QUE FUISTE

GRACIAS POR TANTO AMOR

GRACIAS POR LO QUE NOS DISTES.

 

 

CAMILO MATOS CAPOTE.

Deja una respuesta